Yo nací en el año 73, dos años antes de la muerte del dictador Franco. Soy el pequeño de 11 hermanos de una familia humilde de origen gaditano, afincada en Madrid. Mi infancia la recuerdo entre manifestaciones, golpes de estado y huelgas.

Yo era un niño, pero mis hermanos no tanto. Salían de trabajar y les tocaba salir corriendo delante de los grises, ya que se estaba produciendo una de tantas manifestaciones en pro de la Libertad y la Democracia en nuestro País. Unos años después, empezó la ”reconversión industrial”, una desindustrialización encubierta que acabó con la siderometalúrgica, el naval, la minería y el textil entre otros. Sin contar la privatización de empresas estratégicas como las eléctricas o petroleras.

Fueron años de manifestaciones, barricadas, no había contenedores de basura, pero sí ruedas de camión que ardían mejor. Cócteles molotov, piedras, barras de hierro, cortes de autovías, pañuelos en la cara… Pero, sobre todo, trabajadores/as que luchaban por mantener sus empleos, porque sus hijos e hijas tuvieran un fututo. Salían a la calle y no paraban hasta conseguir lo que les pertenecía, lo que era suyo por derecho. País Vasco, Cantabria, Asturias, Cádiz, eran ejemplo de lucha y todos/as nos sentíamos orgullosos/as de esos obreros que eran capaces de plantarse delante del Estado y no retroceder ni un paso. Esa era la manera de luchar, de proteger lo de uno. Lo normal, “De qué otra forma te van a hacer caso los que tienen el poder, los que tienen el dinero ¿Pidiéndolo por favor?” Y todos lo entendíamos, “si te quitan lo tuyo, hay que pelearlo y recuperarlo”.

Pues parece ser que hoy no, hoy nos han aborregao. Hoy nos dice el tertuliano de turno, que los obreros son violentos y, los que tenemos un trabajo estable, llegamos a él diciendo que ¨los de Cádiz” parecen terroristas. Hoy te dice el economista de la tele que “si no hay, todos tenemos que apretarnos el cinturón” (ese “todos” siempre son los mismos), y llegamos a nuestros trabajos diciendo que “por lo menos tienen trabajo, que yo cobro menos y no me quejo”. Al final, lo que siempre fue una lucha por mantener y conseguir nuestros derechos, la lucha de nuestros padres y abuelos, se convierte en violencia desmedida y paletos que no saben hacer las cosas de otro modo.

Quizá, el problema es que nos da miedo perder las migajas que nos dejan y no luchamos por un menú completo. Quizá nos hemos acostumbrado a no llegar a fin de mes porque es mejor que no tener nada. Quizá el paleto eres tú por no tener el coraje y la valentía, cojones y ovarios que tienen ellas. Y quizá por esto, estamos volviendo a la época de Los Santos Inocentes.

Que lo normal, siga siendo normal.

Gracias a los y las trabajadoras de Cádiz por habernos recordado el camino. Que viva la lucha de la clase obrera. 

Jorge Collantes Martín. 

Portavoz Estatal de Somos Sindicalistas.

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